La inactividad neuronal parece apoderarse de mí de vez en cuando. Por lo menos en lo que respecta a cuestiones de esparcimiento. Da la casualidad (…y causalidad) de que el trabajo termina por absorberme y lo que durante años ha sido una pasión de vida, termina por convertirse en severos momentos de rutina y tedio. No es que mi chamba me aburra… más bien es la manera en que a veces trabajo lo que no termina de convencerme. En fin, el “sistema” termina por absorberte cuando te insertas al esquema laboral. Cosas de la vida que pasan cuando la escuela se quedó atrás y te enfrentas al mundo real.
Claro que, en mi caso, ese enfrentamiento tuvo su primera batalla hace ya algunos años. Varios, de hecho, “más sin en cambio”, los recuerdos llegan en cascada y de repente me veo en perspectiva. Desde hace algunos meses una vez a la semana voy a realizar investigaciones hemerográficas a
No es que quiera volver a vivir esos momentos, eso sería tanto como hacer de mi vida una película babosa de ruquis-patético-regresando-a-la-high-school. No, para nada. Más bien me alegro mucho de haberlos gozado y ahora trato de exprimir al máximo las enseñanzas de cada día.
De eso se construye la vida, de enseñanzas. Buenas o malas, pero todas, a fin de cuentas, didácticas.

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